DEMASIADAS HORAS EN LA ESCUELA
En la sociedad actual la escuela cubre también una necesidad de custodia de los niños para que los padres puedan llevar a cabo su jornada laboral y eso es un tremendo error.
Si el programa educativo se estructura adecuadamente, cuatro horas, incluyendo el recreo, son más que suficientes para impartir las clases. Sin embargo, los niños, en el mejor de los casos, tienen una jornada escolar aproximada de 8 horas, teniendo en cuenta que la mayoría comen en el centro escolar. Otros corren peor suerte y a las 7:30, ya se encuentran desayunando en el comedor del colegio, asistiendo, tras las horas lectivas también a actividades extraescolares. Cuando llegan a su casa, las obligaciones no cesan, ya que vienen cargados de deberes.
Este exceso de obligaciones tiene importantes repercusiones en el bienestar físico y emocional de los niños. No solamente porque les priva de jugar libremente y disfrutar de períodos de "inactividad", que son necesarios para consolidar los aprendizajes recibidos, reflexionar sobre sus propias ideas y fomentar el desarrollo de su creatividad, sino también porque acaban agotados y estresados. Su sistema nervioso se encuentra en alerta constante, lo que puede dar lugar a que padezcan ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, problemas inmunitarios, así como a disponer de una menor capacidad de concentración y atención.
Además, tanto la ausencia de los padres como la falta de tiempo de calidad compartido con los niños generan vacíos afectivos que afectan el desarrollo social y emocional de losmismos. Los niños vuelven cansados y los padres también, no quedando momentos para jugar, tener contacto físico y dedicarse atención, que son fundamentales para construir la autoestima, la seguridad y la capacidad para establecer vínculos sanos, repercutiendo, asimismo, en el rendimiento escolar de los niños.
La jornada de los niños ha de incluir, además de unas horas limitadas de enseñanza“formal”, descanso adecuado, buena alimentación, juego -a ser posible al aire libre-, relación social y, sobre todo, tiempo de calidad con su familia y con ellos mismos.
Hagamos un esfuerzo por cambiar la sociedad en la que vivimos, para que nuestros niños crezcan disfrutando de un bienestar físico y emocional al que tienen derecho.
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