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El derecho a la educación: una deuda pendiente La Constitución Española lo dice con rotundidad en su artículo 27: todas las personas tienen derecho a la educación, y la enseñanza básica debe ser obligatoria y gratuita. Suena bien, suena justo, suena a promesa, pero, a veces, en la vida real, esa promesa se rompe. Porque “todos” no siempre significa todos de verdad. No cuando hablamos de niños con altas capacidades, de alumnado doblemente excepcional o de otros perfiles que no encajan en el molde. No cuando, por mucho que un niño tenga talento, su manera de aprender —o de sentir— se convierte en un problema para un sistema que solo sabe funcionar en una dirección.   Cuando el potencial convive con el desafío Los niños con altas capacidades no son “niños a los que todo les resulta fácil”. A menudo necesitan retos, profundidad, comprensión emocional y acompañamiento. Y si esto ya es cierto en altas capacidades, en la doble excepcionalidad la realidad puede volverse todavía...
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            ¿Calificar o evaluar? Cuando aprender deja de ser lo importante                               Todo docente se hace, tarde o temprano, la misma pregunta: ¿Están aprendiendo realmente mis alumnos? Y casi siempre se recurre a la misma herramienta para responderla: la nota. Un número. Una cifra. Un resultado aparentemente objetivo que pretende resumir todo un proceso de aprendizaje. Pero… ¿y si ese número no solo fuera insuficiente, sino también perjudicial? ¿Y si, en lugar de ayudar, estuviera distorsionando lo que entendemos por aprender? Cuando la nota se convierte en el objetivo Las calificaciones, tal y como se utilizan habitualmente, tienden a fomentar un aprendizaje superficial. Muchos estudiantes no aprenden para comprender, sino para aprobar. Memorizan, repiten, superan el examen… y olvidan casi de inmediato. Porque el foco no está en lo que aprende...
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                                            ¿De verdad necesitan los niños pasar tantas horas en la escuela? Durante años hemos asumido algo sin cuestionarlo: cuanto más tiempo pasen los niños en la escuela, mejor será su educación. Pero… ¿y si no fuera así? ¿Y si esa larga jornada que damos por normal no estuviera pensada para ellos, sino para cubrir las necesidades de los adultos? En la sociedad actual, la escuela ha dejado de ser únicamente un espacio de aprendizaje para convertirse también en un lugar de custodia. Un lugar donde los niños permanecen mientras sus padres trabajan. Y aunque esto responde a una realidad social, conviene preguntarse si lo estamos haciendo a costa de algo mucho más importante: su bienestar. Si el sistema educativo estuviera bien organizado, cuatro horas diarias —incluido el recreo— serían suficientes para ofrecer una enseñanza de calidad. Sin emba...
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                                                                      Todos somos valiosos. Estimados padres:    El trimestre de  vuestros  hijos está a punto de finalizar y , en breve,  os  enviaremos sus  calificaciones .   Suponemos que  os encontráis  ansiosos  por conocer su desempeño, pero recordad  que  de  entre todos nuestros estudiantes, hay algunos artistas que no necesitarán  ser buenos en m atemáticas, futuros empresarios a quienes no les importa  la Historia o la  f ilosofía , músicos cuyas calificaciones en química tal vez no sean las mejores,  bailarines a quienes de poco les va a servir  …    Si vuestros hijos no brillan en todas las asignaturas , no les robéis la confianza en sí mismos. De...

Profesor Miguel UCM

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“No era que no pudiera… era que nadie supo verlo”                                                          Mis padres dicen que con tres años leía números de tres cifras. Que escribía del 1 al 10 sin que nadie me enseñara. Que pedía letras como juguete. Que hacía conexiones que no eran propias de mi edad. Y, sin embargo, eso no fue lo que marcó mi historia. Un problema de lenguaje lo eclipsó todo. No fue una parte de mí. Fue lo único que se vio. Y así empezó mi paso por el sistema educativo.   En infantil me sentí bien; cuidado, acompañado, pero todo cambió al llegar a primaria. Aulas llenas. Profesores desbordados. Poco tiempo. Pocos recursos. Y una mirada que  no alcanzaba a ver más allá de mis dificultades. No importaban mis capacidades. No importaba lo que sí podía hacer. Lo que se vio fue lo que fallaba. No porque no pu...